Tuesday, March 10, 2009

Chistes y Martinis.

Hay un chiste que escuché una vez en una reunión en la casa del director del Museo de la Estampa, Ernesto Salinas, de la boca de Gabriela Pérez Negrete la actriz de teatro, decía que los escritores siempre se enamoran del todo, para nada; y ejemplificó con el chiste en cuestión, resulta que un escritor un día conoce a una mujer en un encuentro fortuito, los dos se gustan y el escritor se obsesiona con la mujer, entonces la llena de atención, le declara su amor y le escribe todos los días cartas de amor; un día la cita en un café y la toma de las manos y le dice que está locamente enamorado, que le adora y que quiere pasar la vida a su lado, ella se siente abrumada, no sabe que decir, por fin le da un trago largo a su copa de merlot y le dice que no está lista para un amor tan serio, a lo que él contesta, ¿Y quien está hablando de amar en serio?

Mientras caminaba por las calles de Madero pensaba que era sumamente afortunado de que Sofía hubiera respondido a mi llamada de auxilio. Al dar la vuelta a 5 de mayo la vi ahí, con su hermoso rostro blanco y su cabello largo y negro dividido en dos trensas las cuales usaba los viernes como una especie de condescendencia hacia el viernes informal, sin embargo ella siempre era un ejemplo de elegancia, y ahí estaba con sus botines Manolo Blahnik y un pantalón y blusa negra de Vera Wang; el año que llevaba como creativo de una tienda departamental y sus innumerables desfiles de modas, habían permeado en mi conciencia por lo visto. No pude dejar de estremecerme de que aún al paso del tiempo siempre sintiera esa punzada de cariño por ella, no puedo negarlo, era el amor de mi vida. Cuando me vio sonrió, se acercó a mí, me tomo del brazo y rozó su mejilla contra la mía. -Hola G-, me susurró al oido, -Hola S- le respondí. Nos dirigimos a la entrada del Zinco Jazz Club y entramos.

El Zinco era un bar incrustado en medio del Centro Histórico de la ciudad; uno entra a través de escaleras que dan al sótano de un viejo y sólido edificio de principios del siglo XX y al ir bajando, las notas que de ahí emanan, te pueden dar una idea bastante precisa que adentro de ese bunker vive el sincopado espíritu del Jazz. Sofía y yo nos acomodamos en una mesa, una mesera vino a preguntarnos que deseábamos de beber, para ella un Gray Goose Martini y para mí un agua mineral, desde hacía años tenía la incomoda costumbre de ser abstemio, por supuesto Sofía no dijo nada y se limitó a mirarme. -Te estás poniendo interesante- me dijo al final y acarició mi sien sonriendo. -Me estoy poniendo viejo- respondí y agregué, -pero tú, cada día te estás poniendo más bonita- dije mirándola fijamente, ella desvió la mirada y la centró en el saxofonista que en ese momento improvisaba un muy buen solo. -¿Te molesta que te diga que estás bonita?- le pregunté después de un minuto y ella movio la cabeza, me observó con esa mirada de inteligencia permanente y aclaró -No, no me molesta, me gusta y eso es lo que me molesta, soy una mujer casada, ¿sabes?-. -Sí, como olvidarlo- respondí serio.

Sofía y yo nos habíamos separado 3 años antes, después de 4 años y medio de relación. Habíamos llegado a la conclusión de que era mejor separarnos por motivos que día a día se fueron haciendo más débiles y al final ni siquiera los recordaba o entendía. La propuesta vino de mí, lo cual era aún más increible, por lo menos así me lo parecía esa noche en que se veía tan hermosa con su outfit negro y su piel tersa y blanca.

-¿Y cómo te va en tu matrimonio?- pregunté por cortesía. -¿Realmente quieres saber o me estás preguntando por cortesía?- me dijo amable. -Por pura, total y absoluta cortesía- dije riendo. -Pues me va bien, me va, en sí el concepto del matrimonio es algo que me parece jamás en tu vida podrías entender, no sé si lo que para mí es una vida deseable a ti te lo parezca- sentenció con la seguridad de quien te conoce bien, tuve que aceptar que tenía razón. -Hay quienes no estamos hechos para el matrimonio- dije sorbiendo mi agua mineral. -Tú no estás hecho para la vida en pareja, más bien- dijo entornando los ojos. -Hey, no puedes negar que nos la pasamos bien- le acoté. -Fueron los mejores años de mi vida, pero uno no puede vivir en el romance eterno, nunca supe bajarme de la nube y tú vives en ella, así que al final eso resultó en incompatibilidad de caracteres, tratar de llevarte a una vida real de responsabilidades compartidas fue lo que ocasionó que esos últimos 6 meses hicieran de nuestra relación un infiernito- dijo y al final de su oración, levanto su copa brindando para darle un sorbo enorme, obviamente todavía había algo que le molestaba a mi exmujer acerca de nosotros.

El grupo que tocaba en el escenario era muy bueno, se componía de un baterista, que era un negro delgado en cuyos dedos enormes las escobillas parecían ser tan sólo un par de dedos más, había además un saxofonista, que era un tipo de pelo cano con un traje verde oliva horrible pero compensado por un enorme talento y el bajo que estaba a cargo de un tipo de pequeña estatura muy acicalado con camisa de beatnik, lentes de pasta, un panamá de muy buena calidad y barba de candado.

-¿Y cual era la urgencia de verme?- me pregunto Sofía con la expresión de quien súbitamente recuerda algo, -Pues, no sé, estaba un poco deprimido, me hace bien verte, eres una de las 2 o 3 personas en este mundo cuya sola presencia realmente me puede animar- dije con una mueca. -Uh, el niño está triste- dijo burlona y me acarició la oreja. -No estoy triste, es sólo que las cosas no han salido bien últimamente-. Entonces Sofía se puso seria, -¿Pero, estás bien?- preguntó con una pequeña sombra de alarma en su mirada. -Sí, no es nada grave, es tan sólo que... ...ni siquiera sé si debería contarte- baje la voz con tono funesto. -¿No me digas que es un problema de faldas?- cuestionó abriendo los ojos. -Pues no te digo- respondí un poco apenado. -No puedo creerlo, tienes 33 años y todavía te afecta como si fueras un chavo de secundaria- y se rio alegremente. -Oh, que la madre, ¿qué tiene?-, dije molesto y sonriendo. -Nada, nada, en realidad nada, a veces se me olvida que hablo contigo, realmente te encanta que te afecte, ¿no?- dijo poniéndose más seria. -No es eso, es solamente que yo pensé que esta vez había encontrado algo más-, le espeté reflexivo. -Ay no mames, ¿y para qué quieres tú "algo más"?, una ni tiempo tienes con ese trabajo de 16 horas entre semana que te cargas y 2 no sabes que hacer con una relación apenas se baja el romance, ¿o qué? ¿no te supieron seguir el juego del enamoramiento súbito y encendido? Mi vida, para eso nomás Esthela Lecuona y yo... y tal vez Nancy Ugalde, pero esa era menos paciente que nosotras dos- me dijo Sofía sentenciosa. -A veces no sé si es bueno que sepas tantas cosas de mí- le dije un poco incómodo, -El mundo es muy pequeño y además tú eres un escandaloso de lo peor, no es muy difícil saber con quien andas y que haces, además hasta me caen bien, ¿sabías que Nancy publica ya en el Fondo de Cultura Económica?, recientemente me la encontré en un coctel del Colegio de México, como nos reímos cuando me contaba anecdotas tuyas en la Universidad, realmente eras todo un personaje, ¿Es cierto que pasaste un fin de semana en una cárcel en acapulco por fumar mota en la playa, junto a Oscar Virues Lelo de Larrea?" dijo un poco más relajada. -esa versión nunca ha sido aceptada por mí de manera oficial y hasta donde sé, ni por Oscar- dije guiñando un ojo a Sofía divertido.

En ese momento nuestra mesera se acercó y con la mano le hice señas de que repitiera la ronda. Vi una sombra de duda en Sofía pues nunca ha tolerado muy bien el alcohol y sabía muy bien que le molesta sentirse mareada, sin embargo, dijo que sí y continuamos con nuestra plática.

-Bueno, volviendo al tema, ¿qué le hicieron a mi pequeñín?- dijo medio en serio, medio en broma. -Bueno, pues la onda estuvo así, conocí a una chica de nombre Danú-, -Qué bonito nombre, ¿como la madre de los dioses en la mitología celta?- interrumpió Sofía, -Así es, y pues todo fue mágico, ¿no? acá onda como que me enamoré a primera vista-, -¿Sabes lo ridículo que te escuchas diciendo eso?- volvió a interrumpir riéndose. -¿Cha, que ya no eres romántica? ¿Qué a nosotros no nos pasó lo mismo?- le dije. -Es diferente- musitó cortando la risa. -¿Por qué es diferente?- pregunté. Después de un segundo de evaluar la idea completa, Sofía dijo -Porque lo nuestro fue especial, no confundas enamoramientos súbitos con verdadero romance- me dijo distraida como hablando para sí misma.

-Mira Chofa, tú sabes mejor que nadie que nuestra relación para mí siempre será algo especial, no veo porque mezclar una cosa con la otra, tal vez es un error platicar de todo esto- le dije pensando un segundo lo que estaba haciendo. -Perdón, perdón, soy mujer wey, pero me enorgullezco de que la civilización y la educación hicieron mella en mí, continúa-, -mmmhhh, ¿segura?- le pregunté cauteloso. -Sí, para mí supone un esfuerzo hablar de ciertas cosas contigo pero me interesa, es una especie de reto interior, me pone más cerca de la perfección- dijo sonriendo ampliamente, y cuando habló de la perfección le brillaron los ojos de esa manera extraña, como cuando le daba por hablar de sí misma en tercera persona en momentos en donde sentía verguenza o mucho orgullo.

-Ok, conste, luego no te enojes conmigo, de entrada es raro que hable contigo de todo esto, pero a nadie le tengo tanta confianza, y además ya estás casada- racionalicé sin convencer a nadie. -Venga, ponme a prueba- dijo y le dio un sorbo a su GG Martini.

-¿Sabes qué? En realidad no tiene ningún sentido, simplemente fue una gran decepción y al final creo que no puedo lidiar con la frustración, digo, tú me conoces, la verdad es que sí pensé que había algo, pero ella siempre estuvo como en otro canal y justo cuando yo quería algo más serio, pues no sé, al final como que nunca nos pusimos de acuerdo, pero en esta ocasión realmente me hubiera gustado tener la oportunidad, creo que juntos hubieramos tenido algo padre, pero también me despertaba un lado mío que no conocía, me prendía e intenseaba bien cañón, al final algo se rompió.- comenté desanimado y me quede viendo al baterista de los dedos eternos. Sofía se me quedo viendo fijamente y después de un rato comentó -Te voy a decir que creo, creo que te cuesta trabajo diferenciar entre literatura y vida real, de hecho creo que ese siempre ha sido tu problema, funcionas mejor en la escritura que en tu día normal. Es decir, recuerdo que cuando tenías un día pesado en la oficina, llegabas a casa, te servías un café y escribías un cuento ridiculizando la situación, eso te pasaba también con nosotros, llevaste nuestra relación a una situación ideal en donde tú sabías tus líneas y yo encantada respondía las mías, pero todo bajo la guía de un guión tuyo, ¿por qué acepté? porque al final ser un personaje de los que escribes es muy tentador, ¿quién no quiere ser Madame Bovary en cierto punto? Pero una no puede ser Madame Bovary por siempre, en cambio tú si serás todo el tiempo, Gregorio Samsa o el Padre Goriot u Otelo, todo depende del humor del que te levantes, por ejemplo ahora, que representas el papel de Cyrano, poeta y enamorado de lejos, pero, acéptalo, vives para escribir y en función de eso transformas tu mundo para que sirva a tus propositos pequeñitos y absurdos. Espera, no me interrumpas, déjame acabar mi idea, al final creo que tu tienes una personalidad ligera y relajada porque la mayoría de tus personajes son atormentados, siniestros o perversos. Me gustaba mucho pasar tiempo contigo porque me hacías reir todo el tiempo, sin embargo, no creas que no me daba cuenta en los momentos en que te metías en uno de tus papeles y por puro morbo me llevabas a una situación tensa o amarga simplemente para ver como reaccionaba y extraer matices emocionales que después veía plasmados en tus escritos. Tú te enamoras para lo mismo, para obtener personajes y de estos, sus diálogos y si te gusta cierto matiz, empujas y empujas y empujas hasta que harta, una te dice todo lo que quieres saber, sus miedos, secretos, rencores, verguenzas, debilidades del alma, hasta que tu insistencia raspa el alma de una y entonces se te dice que mejor desaparezcas porque si sigues empujando esto se va a poner feo, y claro, eso te da el pretexto ideal para desaparecer y largarte a esa covacha que tienes por casa, recluirte en medio de tus 5,000 libros y escribir largas historias en donde armas un mundo ideal o si bien no ideal, si a imagen y semejanza de tu sociópata sentido del arte y la vida. ¿Ni siquiera te das cuenta verdad? De ahí tu conflicto, tú en el paroxismo de lo patético te crees tus tragedias fingidas, sufres por un amor inconcluso, cuando tú mismo decidiste que fuera inconcluso porque así servía a tus textos. Tú, pequeña y angustiante criatura al servicio de las letras, y encima vienes a una de nuestras citas a quejarte de como te trató una mujer a la que seguramente le chupaste el sentido hasta que te cansaste; la obligaste a desnudar su alma y luego te robaste su ropa; le escribiste una y otra vez comprometiendo sentimientos que tu fiebre decía que sentías; te convenciste de que el amor a primera vista existe, porque así podías justificar el exagerado mundo de tus fantasías, cuando en realidad eres un pinche posmoderno cínico y decadente que ignora que es amor fuera del que sientes por ti mismo; la llevaste del gozo al enojo; la sometiste a un cuestionamiento constante acerca de una relación que pugnabas porque existiera y en cuanto se abría un espacio y asomaba la cabeza te dabas a la tarea de tomar esa relación por el cuello y asfixiarla únicamente para ver como reaccionaba el "objeto" de tu amor. Y lo peor es que eres sincero en el momento, por eso eres creíble, eres tan pinche dramático que el alma se te convierte en agua y luego en fuego, pero lo que quieres es esencia y en esa busqueda eres capaz de incendiar todo el pinche bosque para encontrar a un tigre herido y asustado que lo único que va a intentar es arañarte o morderte y tú desde tu elefante te quejas y te autonombras víctima cuando siempre tuviste el rifle en tus manos, grandísimo animal. El arte te hace grandilocuente, ¿pero sabes qué? En el fondo no eres más que un cabroncete más como todos los hombres, unicamente que tú sirves a un proposito más alto que tú mismo, pero eso no te hace más simpático a los ojos de nadie.- Sofía había alzado la voz y de las mesas contiguas voltearon a vernos, a ella no le importó, apuró su trago y le hizo una señal a la mesera para que le trajera otro. Cruzo los brazos y se me quedo viendo fijamente evidentemente molesta y agregó. -¿Y a todo esto, porque usas ahora micas amarillas en tus lentes?-.

0 comments: