Sunday, March 08, 2009
Muffin
El despertar de esa mañana había sido particularmente doloroso. Una guerra de mensajes de texto se había desatado a las seis de la tarde y se prolongó hasta las 11. La víctima como siempre había sido nuestra relación que había pasado de refugiada a devastación absoluta cuando el fuego cruzado había destrozado ambas perspectivas. –Soy muy humana y por eso puedo ser muy perra, evítame ser perra contigo-. No lo fue pero a cambio fue hiriente conforme los mensajes iban sumándose y los torpedos de la verdad bombardeaban el acorazado de papel que era lo nuestro. A las 11 mandé el último mensaje, como siempre tratando de explicar algo que había dicho, sin embargo ya era tarde, probablemente ella ya había consumido un porro y estaba sollozando en su almohada hasta dormirse. Cuando mandé el último mensaje estaba en la entrada de El Imperial, había pasado por Mariana mi compañera de juerga , quien me miraba de soslayo escribir en mi celular, con una sonrisa burlona. -¿Qué?- le pregunté sonriendo. –Nada, demasiada gente en este lugar y pero por supuesto que no voy a hacer fila, hay una fiesta en la calle de Zacatecas y Monterrey, vámonos-. Fuimos por el coche y enfilamos por la calle, Mariana sacó un USB y lo conecto a mi estéreo, -canta Conejo- dijo y de repente me encontré cantando La Maldita Primavera de Yuri y tengo que admitir que me llegó. -Para enamorarme me basta una hora-. Y fue tan cierto en el caso de la que me mandaba mensajes bitchescos. Llegamos a una vieja casona en la esquina de las calles mencionadas, al parecer todo el tianguis del Chopo se había congregado en este lugar que estaba atestado de estoperoles, delineador y colorante de cabello. Del lugar salían las estridentes notas de un grupo de punk. Pagamos los respectivos 30 pesos que nos permitieron entrar a la vieja casona. Mariana, directora creativa de una agencia de publicidad de cabellos azules y un enamoramiento permanente por la vida nocturna pronto encontró a un grupo de amigos, fui por un par de cervezas y en uno de los cuartos acondicionado como bar me encontré a Jorge Pastrano, mi querido amigo y dupla creativa y al Mase, uno de los dealers más cagados y simpáticos que conozco. Ambos estaban totalmente narcotizados, Pastrano me alargo la mano y me invitó de un Muffin de Chocolate y mariguana mordisqueado de una de las esquinas. –Ta bien chido- dijo. Le di dos grandes mordidas y comenzamos a platicar. Súbitamente me sentí en una resbaladilla, la sustancia había comenzado a surtir efecto. En ese momento vino a mi mente una de las frases de Romeo y Julieta –Boticario, tus drogas son rápidas-. Con mi par de cervezas alcance a Mariana quien estaba cerca del escenario y veía con sorna al grupo de Dead Metal que ahora había subido al escenario, -No mames, esta madre la escuchaba hace quince años y sigue siendo la misma pendejada- yo sonreí estúpidamente y asentí, estaba total, absoluta y completamente puesto. El problema de fumar y amar y pelearse con el objeto de amor es que las sensaciones se hacen más grandes. En ese sentido el recuerdo del nombre de la mujer con la que me enviaba mensajes me daba dolor de estomago. En el escenario un par de groupies metaleros agitaban sus sendas melenas al compás de la guitarra rasposa del grupo. Nomás para dejar de pensar me encaramé al escenario e me sume a los entusiastas quienes vieron con alegría que compartiera el mismo gusto. Mariana me veía divertida, por un momento casi me sentí alegre. El muffin siguió su curso y el chocolate envenenado fluía con más decisión por mi torrente sanguíneo. En este punto recuerdo slides de lo que pasaba, más cervezas, una fumada innecesaria, el maloliente baño, el color del cabello de Mariana, los tatuajes en la espalda de una vecina de grupo de fiesta, los ojos rojos e inyectados de Pastrano. En cierto punto le dije a Mariana, -I´m done, I have to get out of here-, -No hay pedo, yo me voy con mis cuates, mañana a La Perla, acuérdate-, -Ok, si sobrevivo te hablo-, -Vas a hacerlo, vete a ese lugar a donde te vas cuando te quedas callado, a lo mejor te están esperando-. Neta si me dolió el comentario, salí y busqué mi coche. Cuando lo encontré, me subí y me quedé unos minutos frente al volante evaluando mi propio estado. –Con suerte choco y me muero- me dije a mi mismo, le di la vuelta a la llave para encender el motor y llegue a mi casa sin mayor problema. Cuando abrí la puerta el primer rayo de luz entró por la ventana, el amanecer me había alcanzado otra vez. Recosté mi cabeza en la almohada y lentamente el mareo me llevó a un sueño agitado. Unas horas más tarde me levanté, me había inscrito a un taller de creación literaria y ya iba tarde. El aguijón de cierto nombre me taladró el corazón. El despertar de esa mañana había sido particularmente doloroso.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)

0 comments:
Post a Comment